viernes, 25 de septiembre de 2009

“Psicopolicías” analizan el perfil de los criminales y sus víctimas

(perfil.com) Los psicólogos Alejandro Osorio y Gabriela Trabazzo comenzaron a trabajar en la Policía Bonaerense en casos de secuestros extorsivos, con las familias de las víctimas. Pero decidieron ampliar su campo y colaborar en la investigación de los delitos complejos. Así descubrieron las ventajas de la mirada psicológica para desenmascarar crímenes.
Cuando entraron a trabajar en la Policía, los destinaron al área de la medicina laboral. Pero esta tarea estaba lejos de llenar sus expectativas. “Como psicólogos compartíamos la necesidad de ayudar a las personas”, dicen hoy y al unísono Alejandro Osorio y Gabriela Trabazzo, y en ese momento se sentían lejos de estar haciéndolo. Ocho años más tarde, sienten que superaron, y con creces, sus ambiciones originales.
Hoy están al frente del Departamento de Orientación y Asistencia a la Víctima, que depende de la Superintendencia de Investigaciones y Delitos Complejos de la Policía Bonaerense. Desde allí, formaron un equipo de ocho psicólogos, que trabaja en aquellos casos que presentan dificultades para su esclarecimiento. Su función consiste en “acotar campos de acción, orientar las miradas hacia sitios que no han sido explorados”, explican.
Si bien en un inicio, su trabajo se centraba exclusivamente en secuestros extorsivos –han intervenido en más de 250 desde 2001–, hoy se los convoca también para orientar investigaciones que han perdido el rumbo. “Dejamos a Freud descansar en la biblioteca y bajamos a la realidad”, así definen su labor de todos los días. La lista de los casos en los que han participado es extensa: Sofía Herrera, Rosana Galliano, Evelyn Soria, Santiaguito Miralles y los secuestros de Nicolás Garnil y Ariel Perreta, entre otros.
La víctima como clave. La metodología de trabajo la construyeron ellos mismos, tomando algunos elementos del FBI y otros propios. Cada vez que llega un nuevo caso, forman un gabinete mixto entre psicólogos e investigadores, para estudiar el delito desde todos los ángulos posibles. “Los analizamos en conjunto y conformamos un cuadro de situaciones con un mapa, llamadas y fotos”, explica Gabriela. “Después de trabajar en cientos de casos, pudimos observar que, si uno lo sabe leer, en la causa y en la víctima está la verdad. Hay que leer entre líneas”, comenta Osorio.
Describen como uno de sus mayores logros el haber sido partícipes de un cambio de enfoque necesario: “Devolver a la víctima el protagonismo que el victimario le robó”. Así lo explica Trabazzo: “Si investigamos a un violador serial hay que estudiar a la víctima, para entender cuál es el fetiche del delincuente. Si trescientas personas bajamos de un tren y la elige a ella, no es casual, ahí está la clave”.
Cuando deben intervenir en un caso de secuestro extorsivo, tanto Alejandro como Gabriela coinciden en que el desgaste es muy grande. “Somos el depositario de los temores de la familia: si lo estarán violando, si le darán de comer, si le cortarán un dedo. Todo lo vuelcan en nosotros”, ilustran estos psicólogos que han pasado la barrera de lo simbólico, para trabajar sobre lo real. “En un consultorio uno puede escuchar que alguien fantasea con matar a la mamá o con violar a su hijo, pero acá trabajamos con gente que efectivamente lo hizo”, explican.

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